Madres e hijas

Madres e hijas

Una antología de relatos sobre la maternidad y sus formas.

Escritoras que participan: Rosa Chacel, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Josefina R. Aldecoa, Esther Tusquets, Cristina Peri Rossi, Ana María Moix, Soledad Puértolas, Clara Sánchez, Paloma Díaz-Mas, Mercedes Soriano. Almudena Grandes y Luisa Castro.

Editorial Anagrama, Barcelona 2022. Número de páginas: 240. Tiempo de lectura: 5h 40m

Copio varios fragmentos como punto de partida para la reflexión.

Pero yo quisiera que alguien me explicase por qué cuando me voy alejando por la acera, manchada de sol y niebla, y siento la campana del colegio, llamando a clase, por qué, digo, esa expectación anhelante, esa alegría, porque me imagino el aula y la ventana, y un pupitre mío pequeño, desde donde veo el jardín y hasta veo clara, emocionalmente, dibujada en la pizarra con tiza amarilla una A grande, que es la primera letra que yo voy a aprender…

(Así piensa la madre al dejar a su hija el primer día de clase ante la puerta de la escuela).

Al colegio, Carmen Laforet

Mi madre siempre tuvo la costumbre de acercar a la ventana la camilla donde leía o cosía, y aquel punto del cuarto de estar era el ancla, era el centro de la casa. Yo me venía allí con mis cuadernos para hacer los deberes, y desde niña supe que la hora que más le gustaba para fugarse era la del atardecer, esa frontera entre dos luces, cuando ya no se distinguen bien las letras ni el color de los hilos y resulta difícil enhebrar una aguja; supe que cuando abandonaba sobre el regazo la labor o el libro y empezaba a mirar por la ventana, era cuando se iba de viaje. "No encendáis todavía la luz -decía-, que quiero ver atardecer". Yo no me iba, pero casi nunca le hablaba porque sabía que era interrumpirla. Y en aquel silencio que caía con la tarde sobre su labor y mis cuadernos, de tanto envidiarla y de tanto mirarla, aprendí no sé cómo a fugarme yo también. Luego entraba a alguien, daba la luz y reaparecían los perfiles cotidianos. "Bueno, habrá que correr las cortinas", decía ella, como despertando.

De su ventana a la mía Carmen Martín Gaite

Tú eras una madre distinta y a mí me encantaba casi todo el tiempo que lo fueras, aunque podía resultar engorroso que en casa imperaran costumbres insólitas.

Carta a la madre, Esther Tusquets

Entonces mi madre empezó a cambiar. Empezó a escuchar a mis hermanas, las crónicas de sus vidas que huían, que volvían, empezó a cuidar de los hijos de mis hermanas, a hablar de ellos. Su silencio había sido invadido, sepultado. Tal vez había dejado de pensar. En cierto modo, yo también dejé de pensar. No hay mucho tiempo para pensar cuando se huye.

El cuarto está lleno de fotografías.¿Es así como mi madre ha llenado su silencio, con las vidas inmóviles de los otros?

La hija predilecta, Soledad Puértolas

Posiblemente Águeda tuvo razón cuando un día me dijo que su hija la necesitaba. Solo en su madre Cari comprendía qué ocurría con los deseos de la gente, con el miedo y con la juventud, ningún otro lugar o persona le aportaban ese conocimiento, estaba casi seguro.

Cari junto a una motocicleta roja, Clara Sánchez

Nunca tuve una gran vocación por la maternidad. Recuerdo que, de adolescentes, muchas amigas mías hacían planes ilusionados con respecto al momento en que se convertirían en madres; parecía que no tuviesen otra vocación en el mundo y a mí me irritaban profundamente sus gritos de alegría, sus mohines y morisquetas cada vez que veían un bebé: se apostaban junto a la cuna o el cochecito, empezaban a proferir gorjeos y arrullos de paloma y acababan pidiéndole a la madre que, por favor, les dejase arropar un momento a la criatura entre sus alas.

A quienes me dicen que me estoy enterrando en vida, que debería volver a trabajar, que he perdido a mi marido, que no puedo atarme a la niña de esta forma, les contesto que estoy contenta con lo que hago y que la obligación de una madre es sacrificarse por su hija.

La niña sin alas, Paloma Díaz-Mas

Mientras afrontaba el último obstáculo, apenas catorce escalones para el fin del mundo, era ya incapaz de explicarme mi mansedumbre, la docilidad con la que había aceptado, tantos años antes, la dictadura del timbre que gobernaba mi vida, y recordaba bien las diversas etapas del proceso, el derrame cerebral que fulminó a mi padre cuando yo todavía no había acabado el bachiller, la trombosis que convirtió a mi madre en una inválida dos años antes de que lograra licenciarme en Ciencias Exactas, la naturalidad con la que mis hermanas asumieron que yo me ocuparía de cuidarla hasta el día de su muerte, la rapidez y la serenidad con las que acepté una misión cuya esencia se confundía con la de mi propio destino, y aquella frase hecha con la que me premiarían tantas veces, ¡qué buena eres, Berta!

La buena hija, Almudena Grandes


Luz González Prieto - Psicóloga (G- 2402)

Atención psicológica en Vigo y online.

https://bio.site/luzgprieto

 


Mentalidad activista

 

Nuestras ideas sobre cuán capaces somos para hacer algo pueden tener un impacto significativo en el resultado de una tarea.

Carol Dweck, profesora de psicología en la Universidad de Stanford, plantea que existen dos tipos de mentalidad que definen el pensamiento: la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento.

«A menudo, si nos sentimos presionados cuando no tenemos una mentalidad de crecimiento, tendemos a centrarnos en lo que no podemos controlar. Es mucho más útil centrarse en lo que podemos influir». Isabella Venour.

Cada persona adopta una perspectiva frente a sus potencialidades. Algunos piensan que tienen capacidades innatas y que esto es determinante. En ese caso, se aplica la mentalidad fija. Otros, en cambio, asumen que el trabajo, la formación y la perseverancia incrementan sus capacidades; esta es la mentalidad de crecimiento.


Mentalidad fija

Poseen la convicción de que su inteligencia , su personalidad y su carácter son rasgos inherentes y estáticos. Parten de la idea de que todo esto se determina al nacer y que no cambia a lo largo del tiempo. Se reafirma.

Estas personas no buscan el cambio, ni la mejora. Suelen concentrarse en evitar el fracaso, en lugar de promover su progreso.

No perseveran, rechazan las críticas y la retroalimentación, ya que las asumen como un reproches. Todo en conjunto las lleva a rechazar los retos.


Mentalidad de crecimiento

Se parte de una idea flexible en torno a las propias capacidades y habilidades. El desarrollo es un proceso continuo y el potencial individual es un terreno desconocido, que se va descubriendo en la medida en que se introducen el aprendizaje, el trabajo y la perseverancia.

Les motiva a querer progresar. Se esfuerzan por incrementar su potencial, yno se rinden fácilmente ante los contratiempos. Tienen la convicción de que un error o un fracaso es un eslabón necesario dentro de un proceso inacabable.

Están abiertos a nuevos desafíos y no se paralizan frente a la incertidumbre. No tienen miedo a fallar porque se fían más del esfuerzo personal, que de supuestas habilidades innatas. No significa que se tenga certeza de conseguir un buen resultado, pero se parte de la idea de que es importante intentarlo y que, sea cual sea el fruto del esfuerzo, de todos modos, va a aportar algo positivo que incluye experiencia y aprendizaje.

Cada mentalidad se hace mucho más evidente en situaciones de dificultad.

Las personas no tienen una mentalidad fija o de crecimiento para todos los problemas.

Es importante identificar las fortalezas personales que pueden utilizar y elaborar un plan para mejorar las áreas débiles.


Mentalidad activista

Decisión activa de utilizar las dificultades como un catalizador para el cambio, una forma de replantear por ejemplo la ansiedad, que deja de ser un problema para ser una lección.

Esta forma de pensar te permite controlar una situación, acontecimiento o experiencia a pesar de su incomodidad, aprender de ello y luego aplicar ese nuevo aprendizaje en una dirección productiva y generativa. Implica tomar conciencia de cómo tus actitudes hacia ti mismo moldean la forma en que interpretas o evalúas los acontecimientos o las situaciones de tu vida.

Cultivar la mentalidad activista requiere pensamiento, compromiso, una conciencia constante y la voluntad de tolerar el malestar. También ser objetivos y positivos al mismo tiempo. Exige desarrollar conciencia de los desencadenantes de nuestra ansiedad y los consiguientes sentimientos negativos.

Aprender de los rechazos, de los fracasos, utilizar las experiencias negativas como herramientas de aprendizaje al mismo tiempo que nos permitimos sentir todo el rango de emociones.

La mentalidad activista se aprende con el tiempo y la práctica.


Artículos

La mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento,  según Carol Dweck

Qué es una mentalidad de crecimiento y cómo puedes cultivarla

Libro: La buena ansiedad, de Wendy Suzuki. Ediciones Paidós, Barcelona 2024


Luz González Prieto - Psicóloga (G- 2402)

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Respuesta emocional

 

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y regular nuestras emociones, así como las de los demás. Juega un papel fundamental en nuestra vida cotidiana, nos permite gestionar el estrés, tomar mejores decisiones y mantener relaciones interpersonales saludables.

Para encontrar el equilibrio hay que generar cambios. Nos hacemos responsables de lo que sentimos.

Actuamos en dos ámbitos: en aquello que nos genera una emoción difícil de manejar (desencadenantes) y en nuestras reacciones emocionales.

James Gross, profesor de Psicología en la Universidad de Stanford, señala cuatro componentes en el proceso de generación y regulación de las emociones: la situación relevante, los procesos atencionales, los pensamientos y la respuesta emocional.



En cada uno de los componentes podemos utilizar diferentes estrategias de regulación emocional.


1 – Situaciones

Abordar los desencadenantes emocionales

Algunas situaciones nos angustian (acudir a una cita médica, a una entrevista laboral…).

Modular nuestra exposición a ciertos eventos.

Analizar las situaciones a las que nos exponemos para aprender de ellas y saber modularlas.

Habrá escenarios que podremos evitar por nuestro bienestar; en cambio, otros requieren que tomemos decisiones para regular las emociones que nos generan.

Modificar aspectos de las situaciones: el modo en que nos relacionamos con aquello que nos angustia.

Si identificamos estas situaciones que nos generan estrés y ansiedad, desarrollemos estrategias para abordarlas mejor. Siempre habrá aspectos que podamos cambiar, por ejemplo, poniendo en práctica nuevas habilidades.


2 – Atención

Elegir dónde dirigirla.

La sobrecarga impacta en tu universo emocional. Aprender a situar la atención en el punto adecuado. Entrenar una atención más selectiva favorece el bienestar y la calidad de vida.

«La atención es un recurso limitado, así que presta atención a lo que prestas atención». Howard Rheingold

3 – Pensar de otro modo

Reinterpretar una situación para que esa emoción sea más manejable y nos permita dar paso a una reacción más ajustada.

Reinterpretar los pensamientos y aplicar un enfoque más racional nos permite regular mejor las emociones.

Creencias sobre las emociones

Pueden influir en las estrategias de regulación emocional que utilizamos. Para las personas que creen que las emociones son modificables utilizarán la reevaluación como estrategia de regulación emocional.

Es importante conocer cuáles son nuestras creencias sobre las emociones y desafiar aquellas que nos limitan.


4 - Regular la respuesta emocional

Dos estrategias de regulación emocional: supresión y reevaluación.

La supresión consiste en inhibir la expresión de nuestras emociones. No es útil, ni conveniente. Tiene numerosas consecuencias negativas, sobre todo a largo plazo. Su uso frecuente se relaciona con niveles altos de estrés, menor bienestar emocional, menor calidad de las relaciones interpersonales y peor salud física.

La emoción sentida se regula y para ello hay que comprender de dónde viene, qué la provoca y por qué está ahí.

Una vez indagamos en su origen y motivo, llega el momento de emitir una respuesta adecuada para canalizarla y aprender después de esta experiencia.

La reevaluación implica cambiar la interpretación cognitiva de los eventos que nos generan emociones. Posee importantes efectos positivos en la salud mental y emocional. Favorece: relaciones sociales más cercanas, experimentar más emociones positivas y menos emociones negativas, y tener niveles más bajos de estrés.

Todos podemos mejorar nuestras competencias emocionales cuidando tanto de los desencadenantes como de las respuestas a los mismos. Podemos aprender nuevos mecanismos para afrontar la ira, la frustración, la tristeza o la ansiedad.


Dos artículos sobre este tema

Dimensiones de la inteligencia emocional: modelo de Gross y estrategias de regulación

Modelo de regulación emocional de Gross: así puede ayudarte


Luz González Prieto - Psicóloga (G- 2402)

Atención psicológica en Vigo y online.

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Atención


En el podcast:

  • ¿Por dónde anda tu atención?

  • ¿Te concentras con facilidad?

  • ¿El desenfoque puede ser un aliado?

  • ¿TDA desde una visión más amplia?

  • Y además varios ejercicios para mejorar la capacidad de concentración y para aumentar el desenfoque voluntario.



Si lo ves todo de color gris, quita de en medio al elefante. Proverbio indio.

Un pez dentro de una pecera. Los humanos lo han metido ahí. Su memoria está poco desarrollada y su atención es tan limitada que descubre un mundo nuevo cada vez que recorre la pecera. La memoria de pez en lugar de ser una maldición es para él una suerte que transforma la repetición en novedad y la estrechez de una cárcel en un mundo infinito.

El animal es incapaz de fijar su atención más allá de ocho segundos. Pasado este tiempo pasa a otra cosa y su universo mental se reinicia.

Generación millennial, que han nacido con conexión permanente y han crecido con una pantalla táctil en la punta de los dedos. El tiempo de atención, la capacidad de concentración de esta generación es de nueve segundos. A partir de ese momento, el cerebro se desengancha. Necesita un nuevo estímulo, una nueva señal, una nueva alerta, otra recomendación.

Apenas un segundo más que el pez.

Un estudio del Journal of Social and Clinical Psychology valora en 30 minutos el tiempo máximo de exposición a las redes sociales y a las pantallas de Internet, más allá del cual existe riesgo para la salud mental.

La aceleración ha sustituido el hábito por la atención y la satisfacción por la adicción.

Nuestra capacidad de concentración está seriamente erosionada.

No somos desatentos, nos han hecho así. Y por eso mismo podemos dejar de serlo.

Vivimos en un mundo de distracciones. Velocidad excesiva, estrés tecnologías intrusivas o agotamiento, entre otros factores, han desatado una crisis atencional que se expande.

El libro “El eclipse de la atención”nos plantea varias cuestiones importantes. Disminución de la capacidad de concentración, trastornos de hiperactividad en la infancia, percepción generalizada de un tiempo que se acelera, relaciones ansiosas con las nuevas tecnologías, abuso de psicofármacos o posibilidad de acudir a todo tipo de “terapias” para aprender a vivir aquí y ahora. Nunca estamos en lo que estamos.

Zapping multitarea y scrolleo constante. Intolerancia al silencio, incapacidad de recogimiento y concentración, distracción crónica e indiferencia permanente al entorno más inmediato.

Dificultad del acceso a la experiencia del presente.

Vivir intensamente significa vivir atento.

Algunos ejemplos cotidianos de falta de atención

  • Correr para realizar cualquier actividad sin estar atento a dicha acción mientras se ejecuta.

  • Comer rápidamente, romper o tirar cosas en accidentes, olvidar actividades. Todo ello por descuido, por estar pensando en otra cosa.

  • Incapacidad para percibir sentimientos, tensión física o malestar a nivel básico o psicológico, porque no podemos hacernos conscientes de nuestras experiencias habituales

  • Descubrirnos hablando solos o pensando continuamente en cosas sucedidas en el pasado o que podrán suceder en el futuro, sin disfrutar del presente.

  • Juzgar lo que nos ocurre (bueno, malo, agradable, desagradable) y apegarnos o rechazar la experiencia.

La habilidad para prestar atención se puede aprender o mejor dicho reaprender, se puede entrenar o cultivar.

¿Cómo gestionar mejor nuestra atención?

En español decimos «prestar atención», pero en inglés se paga por ella, la atención cuesta algo. ¿Por qué es tan importante tener cuidado con las cosas en las que invertimos nuestra atención?

Piensa en cualquier cosa que hayas hecho de la que estés orgulloso: iniciar un negocio, ser un buen padre, aprender a tocar la guitarra, sea lo que sea, eso de lo que estás orgullosa requiere concentración y atención sostenidas. La atención sostenida está en el centro de todos los logros humanos: deportivos, musicales, la consecución de amistades. Cuando tu capacidad de prestar atención disminuye, tu capacidad para lograr tus objetivos, para resolver problemas, se ve disminuida.

No se trata solamente de una cuestión de autodisciplina o autocontrol: es un problema sistémico. Algunos autores hablan de doce factores que están perjudicando nuestra atención, vinculados a algo que no podemos resolver solo a nivel individual.

Puedo pensar que es culpa mía cuando desde hace años siento que mi atención está empeorando. Cada año mi capacidad para hacer cosas que requieren una concentración profunda y que son importantes para mí, como leer libros, tener conversaciones largas, ver películas, se están volviendo cada vez más difíciles. Esto mismo le sucede a la mayoría de las personas que me rodean. ¿Nos falta fuerza de voluntad?

El problema tecnológico es, en cierto punto, más limitado: el problema no es la existencia de la tecnología, es el diseño actual de las apps.

¿Cómo hacer para que las personas utilicen la app con mayor frecuencia y se queden en ella el mayor tiempo posible? Es una maquinaria diseñada para hackear e invadir tu atención.

No pagas con dinero, sino con tu atención.

Y no parece que vaya a detenerse: empeorará cada vez más. Piensa en cuánto más adictivo es TikTok que Facebook en este momento.

La persona promedio toca su teléfono 2.687 veces al día. Y esa es la cifra antes del covid-19.

Cuando vemos a un niño que no puede concentrarse, sabemos que ese niño tendrá dificultades para ser todo lo que podría ser.

Hay que enfocar la atención hacia donde se quiere ir, no hacia donde se teme llegar.


Libros:

  • La civilización de la memoria de pez: pequeño tratado sobre el mercado de la atención. Bruno Patino.

  • El valor de la atención, Johann Hari.

  • El eclipse de la atención, coordinado por Amador Fernández Sabater y Oier Etxeberria.


Un artículo para reflexionar


Luz González Prieto - Psicóloga (G- 2402)

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Ansiedad infantil: Tengo un nudo en la barriga

Tengo un nudo en la barriga

Alberto Soler y Concepción Roger

Ilustraciones de Nuria Albesa.


Un cuento sobre la ansiedad infantil.

  • ¿Cómo se siente la protagonista?

  • ¿Cómo identifica ese nudo?

  • ¿Cómo lo deshace?


Tienes un nudo en el estómago. Eso es algo que todos tenemos.

He aprendido a evitar que se haga tan grande que no me deje divertirme.

Aparece cuando nos ponemos nerviosos, cuando nos preocupamos y nos da miedo enfrentarnos a situaciones nuevas.


Con los pensamientos lo puedes hacer más grande o más pequeño.

Se hace más pequeño:

  • cuando te dices cosas bonitas,

  • cuando no haces caso a lo que te dice

  • cuando hablas de él a otras personas

Esos nudos son muy mentirosos porque nos aseguran que van a pasar cosas que luego nunca pasan, solo se divierten asustándonos.

Si le haces caso y dejes de hacer lo que te gusta, entonces el nudo cada vez se hará más grande, y te dejará hacer cada vez menos cosas.


¿Cómo se puede permitir?

  • No te creas sus mentiras.

  • Háblate con la misma amabilidad con la que le hablarías a una amiga.

  • Habla de lo que te preocupa con las personas que te quieren.


Sinopsis: Un cuento ilustrado para que los niños puedan identificar la ansiedad y pedir ayuda. Todos tenemos sentimientos que nos paralizan. A veces los notamos en la cabeza, otras, en el pecho; y otras, en el estómago. Tengo un nudo en la barriga ayudará a niños y niñas a señalar lo que les está ocurriendo gracias a la explicación de los autores, que con un lenguaje claro y una metáfora ilustrativa dan sentido a sensación de enredo que tantos hemos sentido.

Número de páginas: 48. Editor: B De Blok, 2022

Alberto Soler es psicólogo, Máster en psicología clínica con más de 10 años de experiencia en psicoterapia y ha colaborado en varios medios (Cadena SER, El País Semanal, El Huffington Post, Canal 9). Es la cara visible del videoblog de divulgación Píldoras de Psicología y compagina su centro privado de psicología para adultos y niños con charlas sobre educación y crianza. Alberto y Kontxín están casados y tienen dos hijos, con quienes pasan (y disfrutan) todo el tiempo que pueden. Más información en su web. 

Sobre el libro y la ansiedad infantil

Breve introducción del cuento

Web de la ilustradora



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La crisis de la mediana edad

 


Imágenes: Hengki Koentjoro 

Dos reglas esenciales de prevención

  • No debes ser demasiado egocéntrico. La búsqueda obsesiva de la felicidad interfiere con su propia consecución.

  • Deberías hacer sitio en tu vida para el valor existencial, además del meliorativo (que mejora), para actividades que no respondan a necesidades sin las cuales estaríamos mejor, pero que hacen la vida positivamente buena. Esto abarca de lo trivial - jugar con amigos- a las profundidades del arte y la ciencia.

Perderse cosas

Incluso si todo va razonablemente bien, la mediana edad implica perderse cosas. Reconoces los caminos que ya nunca recorrerás, las vidas que nunca tendrás, y miras atrás, a la libertad de la juventud, con nostalgia.

Algunos consejos:

  • Si bien el sentimiento de pérdida que rodea la mediana edad es real, pregúntate cuál sería la alternativa. No exageres su valor: las alternativas son importantes, pero no lo suficiente, para compensar unos resultados que, en sí mismos, no preferirías. No te dejes engañar por el atractivo de la elección.

  • Aunque tiene sentido envidiar a tu yo más joven, que aún está libre del dolor de la pérdida de sus alternativas, no olvides el coste. No saber lo que no harás supone no saber qué harás, una vertiginosa pérdida de identidad.

Reconciliarse con los fracasos

  • Maneras de reconciliarte contigo mismo, sin engaños, con los fracasos del pasado.

  • Existe vida nueva. Si aquellos a quienes amas no existieran a no ser por tus errores, entonces tienes razones para estar contento de haber cometido esos errores.

  • Aversión al riesgo. Cuando imaginas empezar de nuevo, ten en mente los múltiples caminos posibles, la inmensa incertidumbre, en contraposición con la historia que conoces.

  • ¿Vale la pena el riesgo contrafactual?

Ante el futuro

Si la mediana edad es un momento para evaluar el pasado, también es el momento para hacer frente a los límites del futuro

  • Cómo abordar la finitud de la vida humana con herramientas filosóficas.

  • Existe una actitud de neutralidad temporal: dar el mismo peso a las ganancias del pasado y del futuro. Si adoptas este punto de vista, las privaciones de estar muerto no son peores que las de quienes aún no han sido concebidos.

  • Desear los beneficios de la inmortalidad es creer algo que está más allá de la condición humana. Es como desear la capacidad de volar: un poder que tiene sentido envidiar, pero cuya ausencia no deberías lamentar.

  • Lo que queda es la relación contigo mismo: un reconocimiento del valor y el deseo de que sea preservado. ¿Puedes separar el vínculo de la preocupación, lamentar tu propia mortalidad de antemano, abandonar la necesidad de vivir para siempre, mientras conservas el deseo de una vida mejor?

Presente

  • El reto de la mediana edad no es lidiar con el pasado o el futuro, sino con el vacío del presente. La sensación de que la satisfacción se aplaza o se queda atrás, de que esforzarse innecesariamente es autodestructivo. Este malestar es un fallo estructural en la persecución de proyectos. Los proyectos son télicos: su objetivo es llegar a estados terminales. Implicarse en ellos de manera exitosa supone concluirlos, eliminando así significado de tu vida.

  • La solución sería hacer una mayor inversión en actividades atélicas, aquellas que no tienen final o agotamiento: actividades como dar un paseo, pasar tiempo con los amigos, apreciar el arte o la naturaleza, cuidar de los hijos o trabajar duro.

  • Puede que no haya cambios en lo que haces de un día para otro. Pero es suficiente ajustar tu actitud, lo que amas: no solo valorar los proyectos, sino el proceso de criar a los niños, mantener las amistades, hacer tu trabajo. Desde fuera, las cosas pueden parecer iguales, pero son profundamente distintas. Si valoras el proceso, consigues lo que quieres ahora mismo y tu implicación no agota su valor.

  • Una cosa que aprendemos de la práctica de la meditación es cómo prestar atención al presente: apreciar el valor de lo atélico entre la rutilante atracción de los objetivos alcanzables. Es el mindfulness en acción.


Del libro: En la mitad de la vida de Kieran Setiya.  Nº de páginas: 216. Editorial: Libros del Asteroide, Barcelona 2019. Traducción: Ramón González Férriz
Puedes ver sinopsis, ficha técnica y algunos fragmentos seleccionados AQUÍ


Luz González Prieto - Psicóloga (G- 2402)

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